IN EXTENSO/La Paz.- En una semana cargada de dolor, esta semana, señalan al expresidente Evo Morales como responsable de la tragedia en Llallagua, donde la violencia dejó cuatro policías muertos, 19 heridos y en Cochabamba, un civil fallecido, todos víctimas del odio que aún desgarra al país y el alcalde de la ciudad de La Paz, Iván Arias exige a Evo Morales pedir perdón: “Que no sea el brazo de Satanás que derrama sangre entre bolivianos”.
«Está a tiempo. Que no sea el brazo de Satanás que trae odio y confrontación entre bolivianos», expresó Arias con tono severo el momento que el padre Iván Bravo le pidió elevar una plegaria en la jornada de oración realizada este jueves en el atrio del Palacio Consistorial.
Agregó que «No puede ser que cinco ciudadanos hayan perdido la vida, producto del odio y la ambición personal del señor Evo Morales. Por eso este acto pequeño y simbólico es un homenaje a los que han caído, a los que han sido asesinados, y también un pedido de paz para toda Bolivia, un pedido de hermandad».
Frente a decenas de ciudadanos que alzaban sus velas encendidas como símbolo de esperanza, el Alcalde pidió al exmandatario que reflexione sobre sus actos y busque el arrepentimiento.
«A Evo Morales le decimos que pida perdón. Que aún es tiempo de arrepentirse y dejar de derramar tanto odio y sangre entre los bolivianos», remarcó la autoridad.
La ceremonia incluyó una oración colectiva en la que los asistentes elevaron súplicas por la reconciliación y el fin de la violencia. “Señor Jesús, tú eres nuestra paz en esta patria herida por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren, toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión», rezaron al unísono.
El acto concluyó con un minuto de silencio en memoria de los policías fallecidos, seguido por la entonación solemne del Himno Nacional, interpretado por la Banda Eduardo Caba, mientras las llamas de las velas seguían brillando bajo el cielo paceño como un símbolo de fe y resistencia.
“Que la sangre derramada por nuestros hermanos sea la semilla de la esperanza para que nuestro país retorne a la paz, la tranquilidad, el orden y la estabilidad social y económica”, fue el último clamor del Alcalde, en una ciudad que busca sanar sus heridas en medio de la convulsión política. ¡BICENTENARIO DE BOLIVIA!
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