La Paz/IN EXTENSO.- En la galería techada del mercado Villa Fátima, el aire se mezcla con el aroma metálico de la carne fresca y el bullicio incesante de compradores y caseras. Entre los pasillos, el ingeniero Nelson Quispe Vargas, encargado de Defensa del Consumidor de la Intendencia Municipal, recorre puesto por puesto, portando una pequeña pesa metálica que brilla bajo la luz artificial. Es la pesa patrón, el instrumento que delata si una balanza miente.
“Estamos verificando que las balanzas estén calibradas. No puede haber una diferencia mayor a 5 o 10 gramos”, explica Quispe, mientras observa cómo un vendedor acomoda su instrumento de medición. A su lado, personal de la Alcaldía revisa también que los comerciantes usen barbijos, boinas y uniformes completos, porque la inocuidad alimentaria —dice— empieza por la presentación.
Cuando detectan irregularidades, la respuesta es inmediata: cita y decomiso del aparato. Hoy, sin embargo, la mayoría de los controles confirman que el peso es justo. “La gente debe saber que, si sospecha que le venden menos, puede denunciar en la Intendencia Municipal”, recuerda el funcionario.
Los operativos no se limitan a este mercado. En semanas anteriores, la Intendencia desplegó controles en Max Paredes, la zona Sur y otros macrodistritos. “Es un trabajo constante”, afirma Quispe, antes de seguir caminando entre mostradores.
En medio de la rutina comercial, las voces de las compradoras se suman al diagnóstico. Doña Silvia, clienta habitual, es directa: “Es lo mejor, porque ahora no estamos como para que nos engañen”. Otra vecina, que conoce de años a sus caseras, coincide en que la confianza reina en este sector: “Aquí todo está bien, pero en otros lugares sí se escucha que venden con peso menos”.
Un poco más adelante, una clienta observa cómo se verifica una balanza y sonríe. “Me parece muy bien que hagan controles, así sabemos que estamos pagando por lo justo. Me gustaría que vengan más seguido, es la primera vez que los veo por aquí”, comenta, antes de retomar su compra.
En Villa Fátima, el operativo avanza entre charolas metálicas, cuchillos afilados y conversaciones rápidas. Hoy, el peso es justo y la carne segura; mañana, el cronograma llevará a los funcionarios municipales a otros rincones de la ciudad. Pero la escena se repite: la Intendencia, las caseras, los compradores y esa pequeña pesa de metal que vigila la balanza como un centinela silencioso. ¡BICENTENARIO DE BOLIVIA!
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