IN EXTENSO/La Paz.- Por momentos, el eco de pasos solitarios fue lo único que se escuchó en la Terminal de Buses de La Paz. No hubo filas, no hubo voces que anunciaran destinos, ni vendedores de caramelos o refrescos ofreciendo su mercadería con urgencia. Todo quedó en pausa. Todo está, en realidad, en crisis.
La mañana de este miércoles, el panorama en una de las principales terminales terrestres del país fue desolador. La mayoría de las casetas estaban cerradas. Las pocas que se mantenían abiertas lo hacían sin esperanza: no vendían boletos. Los pasillos, habitualmente llenos de viajeros ansiosos y apurados, estaban vacíos. Ni nacionales ni turistas. Solo un silencio denso y tenso.
“Cuando hay estos problemas de los bloqueos, la gente se alarma; tiene el temor de quedarse en carretera, en frío o calor, a veces sin comida, sin baño, sin agua”, contó el encargado de administración de la empresa Trans Copacabana S.A., Juan Carlos Mendoza, en entrevista con la AMUN.
Su tono no fue de queja, sino de resignación. “La otra empresa, Trans El Dorado, ha cerrado, no están trabajando y creo que vamos a optar por la misma salida, pero Dios no quiera”, añadió.
Bloqueos, marchas y falta de diésel
La jornada coincidió con un paro nacional de transportistas que exigieron soluciones inmediatas a una economía que se resquebraja: escasez de dólares, falta de combustible, alza de precios. A esto se sumó un bloqueo promovido por sectores afines a Evo Morales en el eje troncal, que interrumpió la conexión entre occidente y oriente. “No hay paso. No están ni llegando buses, ni saliendo buses”, afirmó.
En tiempos “normales”, Trans Copacabana movía hasta 20 buses al día. El martes anterior, apenas tres. Y este miércoles, ninguno. “Ayer hemos sacado así ‘llorando’, tres buses. Pero como le digo, a veces con el temor a quedarse en carretera, no hay pasajeros. Entonces ese es el problema”, comentó Mendoza.
Muchos comerciantes dentro de la terminal se negaron a dar declaraciones, visiblemente molestos, frustrados. Algunos apenas se animaron a murmurar: “Ya no hay a quién vender”. La tradicional llamada “¡Oruro, Oruro, Oruro!” —casi un patrimonio sonoro del lugar— brilló por su ausencia. Ni rastro de aquel bullicio.
Antes de despedirse, Mendoza lanzó un mensaje que sonó más a súplica que a reclamo: “Por favor, quisiera que vean las autoridades de nuestro país y den solución de una vez. Porque la verdad, nos vamos a ir todos, creo que a descansar a casita y sin trabajo”.
Las terminales son un termómetro del país. Y este miércoles, en La Paz, marcaron fiebre alta: una nación detenida, atrapada entre bloqueos, paros y un malestar que ya no necesitó micrófonos para hacerse sentir. Solo hubo que escuchar el silencio. (panbolnoticias.com) ¡BICENTENARIO DE BOLIVIA! amun

