La Paz/IN EXTENSO.- En una esquina fría de La Paz, cuando la noche suele ser más dura para quienes no tienen techo, un grupo de profesionales recorre las calles buscando algo más que siluetas perdidas: buscan historias que todavía merecen una oportunidad.
“Lo primero que hacemos es acercarnos, hablarles, invitarles a este espacio que hemos habilitado”, explica Ronald Blanco, encargado del albergue Proyecto de Atención a Personas en Situación de Calle y Consumo en entrevista en Radio Universitaria San Andrés.
Se refiere al refugio municipal Zenobio López, un lugar que no solo ofrece abrigo, sino un proceso integral de acompañamiento. Allí, cada persona que llega es recibida por un equipo multidisciplinario: trabajadores sociales, psicólogos y médicos. El primer paso es el área de trabajo social, donde se reconstruye la historia de cada uno, las razones que los llevaron a la calle y al consumo.
Luego, el área psicológica abre un espacio íntimo, un lugar donde el dolor y la esperanza se encuentran. Finalmente, la atención médica busca estabilizar sus cuerpos, muchas veces marcados por heridas, enfermedades o el desgaste del consumo.
“Cuando tenemos un diagnóstico, vemos si la persona necesita ingresar a una comunidad terapéutica para iniciar un proceso de recuperación”, señala Blanco. En esos casos, la coordinación es inmediata con instituciones como REMAR Bolivia o centros de rehabilitación como Papa Juan XXIII o Sergio Mar, tanto en La Paz como en El Alto. “Nosotros los llevamos, se hace un seguimiento constante y trabajamos en conjunto para su recuperación”.
Pero no todos siguen ese camino. Algunos llegan con necesidades más inmediatas: una ducha caliente, un plato de comida, un cambio de ropa. Para ellos, el refugio se convierte en un respiro, en una pausa digna en medio del abandono.
“También los apoyamos con la documentación. Hay personas que no tienen ni carnet. Con la ayuda de instituciones y voluntarios de la sociedad civil, gestionamos sus papeles para que vuelvan a existir en el sistema. Con un carnet pueden votar, trabajar, sentirse parte”, explica.
El proyecto, impulsado por la Alcaldía de La Paz, no se limita a abrir las puertas de un albergue: busca construir un puente entre la calle y la posibilidad de empezar de nuevo. Cada caso es un desafío, cada rostro una historia distinta, pero todas tienen un hilo en común: la necesidad de ser vistos, escuchados y acompañados.
En el Zenobio López, los pasillos están llenos de silencios y murmullos, de pasos lentos y miradas desconfiadas que poco a poco se transforman en gestos de gratitud. Allí, más que un refugio, se siembra la idea de que nadie está condenado a quedarse donde el consumo o la calle lo dejó. Siempre hay una segunda oportunidad, y empieza con un gesto: tender la mano. ¡BICENTENARIO DE LA REPUBLICA DE BOLIVIA! amun
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